
Quiénes somos
Las Chacaras es un restaurante de cocina tradicional llevado por una familia que lleva toda la vida entre fogones. Abrimos cada día con la misma idea con la que empezamos: dar de comer bien, sin adornos innecesarios y con producto que merezca la pena. La sala es amplia y luminosa, con mesas separadas lo suficiente como para conversar sin levantar la voz, y un servicio que se sabe la carta de memoria porque la ha cocinado y la ha explicado miles de veces.
El nombre de la casa alude a esas pequeñas fincas de huerta de las que salía casi todo lo que se llevaba a la mesa: lo que daba la tierra, lo que daba el corral y lo que se conservaba para los meses flacos. Esa manera de entender la cocina —aprovechar, guisar despacio y no prometer más de lo que se puede cumplir— sigue siendo la nuestra, aunque hoy trabajemos con cámaras, básculas y proveedores que nos visitan cada mañana.
No somos un restaurante de modas ni de platos imposibles. Somos una casa de comidas con mantel, pan del día y una carta que cambia cuando cambia el mercado, no cuando lo pide una tendencia. Si algo no está en su mejor momento, lo quitamos; si algo merece la pena, lo mantenemos aunque sea menos rentable. Es la única regla que no hemos negociado nunca.
La cocina: guiso, brasa y horno
Nuestra cocina se apoya en tres pilares que se entienden bien entre ellos. El primero es el guiso lento, ese que empieza por la mañana y se sirve por la tarde, cuando los sabores ya se han asentado. De ahí salen la carne mechada, el bacalao a la marinera, el magreb de pato o el atún con mojo hervido, que sigue siendo uno de los platos que más nos piden y que preparamos con el mismo cuidado con el que se preparaba cuando la carta era una pizarra escrita a mano.

El segundo pilar es el fuego: la plancha y la parrilla. Por ahí pasan los chipirones, las carnes a la brasa y ese punto de tostado que solo se consigue cuando el hierro está a la temperatura justa y nadie tiene prisa. El tercero es el horno, el más noble de los tres, que trabaja solo mientras nosotros hacemos otras cosas: la pata asada, la pierna de cordero, el queso asado que llega a la mesa aún burbujeando y la pechuga de pollo a la vinagreta, un clásico que mucha gente viene buscando desde hace años y que jamás hemos quitado de la carta.
Para los que vienen en grupo o quieren probar de todo, la paella mixta se prepara por encargo y con el tiempo que necesita, ni un minuto menos. Y para terminar, la leche asada con miel: sencilla, de cuchara, de las que se recuerdan. No inventamos postres de laboratorio; preferimos bordear lo de siempre hasta que sale perfecto.
El producto y los proveedores
Compramos poco y bueno, y casi siempre a gente que conocemos. El pescado llega fresco, según lo que haya entrado ese día, y por eso la carta puede variar de una semana a otra sin previo aviso: no vamos a servir un pescado que no esté a la altura solo por mantener una promesa impresa. La carne viene de carnicerías de confianza, con piezas que se piden según el uso: unas para guisar, otras para brasa y otras para el horno largo.

Las verduras siguen el calendario. Trabajamos con producto de temporada porque es el que tiene sabor, porque dura más en cocina y porque nos parece la forma más razonable de gastar. El aceite de oliva es de los que se notan, el pan se trae cada día y las conservas, los encurtidos y algunos fondos se hacen en casa. Nada de eso es heroico, pero es la diferencia entre cocinar y calentar.
La sala y el equipo
Detrás de cada plato hay un equipo pequeño y bastante estable. En la cocina hay quien lleva años haciendo el mismo guiso y quien ha ido aprendiendo a su lado; en la sala, gente que sabe cuándo acercarse y cuándo dejar tranquila una mesa. Nos gusta que el servicio explique lo que sirve: de dónde viene el pescado, cómo se ha hecho, qué vino le va mejor y cuánto tarda un plato que necesita horno. Creemos que una buena recomendación ahorra muchas dudas y alguna que otra decepción.
También nos parece importante avisar de los alérgenos sin que nadie tenga que insistir y adaptar platos cuando es posible hacerlo con garantías. Si tienes alguna intolerancia o alguna restricción, dínoslo al reservar y lo hablamos antes de que te sientes: es más fácil para todos y evita sustos.

Qué puedes esperar de una visita
Raciones generosas, sin ser exageradas, y precios honestos para lo que hay en el plato. La carta está pensada para compartir: entrantes para poner en el centro, un principal por persona y un postre que casi siempre acaba cayendo. Tenemos opciones vegetarianas que no son un acompañamiento triste y una selección de vinos corta pero bien elegida, con varias referencias por copa para quien no quiera abrir botella.
Para celebraciones, comidas de empresa o reuniones familiares disponemos de mesas grandes y menús cerrados que se acuerdan con antelación. Cuanto antes nos avises, mejor podremos ajustarnos a lo que necesitas: número de comensales, horarios, platos especiales o cualquier detalle que haga que la comida salga como la habías imaginado.
Cómo moverte por esta web
En la sección Carta encontrarás los platos que estamos sirviendo ahora mismo, con una idea clara de lo que es cada cosa. En Blog vamos contando lo que entra de temporada, recetas de casa y novedades de la sala. Si quieres ver el espacio antes de venir, tienes la Visita Virtual; si necesitas mesa, el apartado de Reservas; y si tienes cualquier duda, en Contacto te indicamos cómo llegar y cómo escribirnos.
Nos sostiene una clientela que repite, que trae a sus hijos y que nos avisa cuando algo no está bien. Esa confianza es lo único que no nos podemos permitir perder, así que si algo de lo que encuentras aquí no encaja con lo que te esperabas, dínoslo cuando vengas. Preferimos escucharlo en la mesa a leerlo después.